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Comienza la Tríada

Explorando la playa de Nosa Señora

«El final de algo siempre es el inicio de otro algo»

Cada vez que escribo aquí dejo constancia de lo poco que escribo aquí; y si ya es complicado resumir más de un año en unas pocas líneas, este 2025 ha sido en mi caso un paso irreversible hacia esa segunda vida de la que advierte Confucio, esa encaminada a dejar huella en un mundo cada vez más hostil, con fronteras, países y valores más sanguinarios en los que ya asoma la distopía de la lucha por los recursos mientras el barco se hunde.

Voy a resumir muy escuetamente lo que ha cambiado desde mi última publicación, empezando por otra frase que me rondó la cabeza, cuyo autor ahora no recuerdo, que advertía que el profesional lo es desde el minuto cero, y que lo otro es ser aficionado de por vida. Con este eco en la mente, adquirí un equipo astrofotográfico, con telescopio, montura, cámara y accesorios para poder cristalizar mis habilidades captando objetos del espacio profundo hasta el punto de que puedo conseguir algunos objetos como nebulosas desde una ciudad como Vigo, siendo el entorno de Balaidos (si, junto al estadio) el último lugar que elegirías para intentar fotografiar nebulosas como Roseta, por ejemplo.

También fue necesario buscar nuevos lugares, nuevos rincones de mi tierra que no conocía y que me brindaron lienzos nuevos en los que maridar escenario y momento, y a buen seguro fue un acierto dar de sí cada kilómetro conquistado para poder crear muchas de las mejores tomas y secuencias que había alcanzado hasta entonces. Súmale todas las jornadas ejercidas de guía en el Parque Nacional Gallego, mis queridas islas gallegas de las que pude arrancar momentos inolvidables y buenas postales, una de las cuales me volvió a colocar como finalista por segundo año del concurso fotográfico de los Parques Nacionales de España.

Cometas, eclipses, vivencias, viajes con la familia… año intenso en el que no faltaron golpes de suerte, que me brindaron alguna viralización y algún hueco en las rotativas locales y en las televisiones, siempre ávidos de esos fenómenos curiosos como puede ser la caída de un fotogénico rayo, las nieblas barriendo las rías o ese extraño evento del apagón nacional acontecido el 28 de abril, que me dio la oportunidad de patear, trípode en mano, algunas calles de la ciudad más contaminada lumínicamente de Galicia para inmortalizar una jornada histórica y unas calles oscuras con un cielo plagado de estrellas.

Rayo caído muy cerca de Balaidos
https://www.farodevigo.es/sociedad/2025/06/24/galicia-sortea-tormentas-ponen-alerta-119004063.html

Y así llegó y pasó el verano entre trabajo, paseos y actividades, macerando lo que habría de ser mi jugada maestra al finalizar en la empresa en la que que venía laburando desde hacía 6 años, para poder obtener algún título que me permitiera ampliar mi bagaje, y mi currículo, en el ámbito de los guiados; pero no pude acceder y llegó ahí la transición: de fase larvaria al desarrollo completo, al más puro estilo kafkiano, con un período de luto y de exploración interna, consciente de que la opción que más me convenía era la misma a la que me había empujado la vida desde años atrás, como el que empuja a alguien tras el trampolín para que dé el mejor salto de todos los tiempos, procurando a la vez salpicar lo menos posible al respetable.

De vacaciones

El salto

El salto no es otro que establecerme como entidad para realizar actividades de divulgación, talleres y eventos de observación astronómica, fundando un proyecto que espera promover el conocimiento, el amor por la naturaleza y la ciencia, y un sentido crítico, en unos tiempos que adolecen de sentido común y nos obligan a estar más alerta de lo que jamás hubiéramos querido imaginar; y aunque estas semillas están pensadas para inculcarse en chic@s jóvenes, los adultos del mañana, he comprobado en todos los años que llevo ofreciendo el telescopio a cualquiera que tenga curiosidad, que esa melancolía del cielo que tenían nuestros ancestros aún sigue viva sea cual sea la edad, y no se deja eclipsar por los negacionistas, el tremendo derroche de luz de las farolas o el frecuente clima adverso de esta nuestra terriña.

Espero que el proyecto esté en marcha la próxima vez que escriba en este blog, y que el fin de tantas cosas encienda y avive el inicio de algo tan grande.

Sesión nocturna en la aldea de Sálvora
Eclipse de luna en Cambados, con artista invitado

Se acabó la espera

Por último, acabando de inaugurar el año 2026, se da pistoletazo de salida a un período histórico en lo que a fenómenos de «una-vez-en-la-vida» se refiere, una tríada de eclipses solares sobre la península ibérica, dos totales y uno anular, en poco más de año y medio; algo inaudito para lo que nos hemos estado preparando a conciencia.

Eclipse parcial del 29 de Abril de 2025

El 12 de agosto de este año, será el primer eclipse total en la península en más de 100 años, y promete ser un evento social de primer orden, atrayendo a (según estimaciones) más de 10 millones de turistas, a sumar a los que de por sí vienen cada año, y algunos millones más autóctonos, en una franja de menos de 300 kilómetros de anchura que va de A Coruña a las islas Baleares, y dejando fuera de esa totalidad a ciudades como Barcelona, Madrid, Santiago o Vigo. Fuera de esta franja virtuosa, los que queramos vivir esa totalidad no tendremos más remedio que lanzarnos a la carretera.

Hace ya tiempo que aprendí que mis probabilidades de éxito en los proyectos que acometo suben mucho cuanto menos dependo de la suerte, por lo que tenerlo todo muy, pero muy bien atado será una obligación; y más estando acostumbrado a sesiones de noches o de horas, pero en el mejor de los casos, esta catarsis de totalidad no va a durar más de minuto y medio, por lo que no me puedo permitir el más mínimo error, ya que esta va a ser la mejor oportunidad que tenga de las 3 que se vienen.

Las variables que no dependen de mi técnica serán la climatología, que es lo que va a decantar cuál de los escenarios voy a elegir para intentar vivir mi primer eclipse total y no lo sabré con seguridad probablemente hasta 2 o 3 días antes. La otra, la incertidumbre de hasta qué punto llegará el colapso de las redes de carreteras, que algunos estiman será el día en cuestión como una ‘operación salida’ mezclada con unos ‘juegos olímpicos’, y que probablemente a muchos le pueda sorprender el eclipse en un atasco en alguna comarcal colapsada.

Termino apelando a la seguridad, tanto de quien pueda observar la luna ocultando el sol, que lo haga con los equipos adecuados, que no valen ni filtros de importación sin garantías ni inventos caseros. Todo es poco para proteger nuestros ojos, órganos más sensibles de lo que parece, ya que al no tener terminaciones nerviosas, la retina se quema sin que nos demos cuenta. Y por supuesto, asumiendo que habrá millones de personas en miradores, pueblos de la España rural, Montañas y pistas forestales apelo al sentido común para respetar el entorno en que nos encontremos, más si cabe, siendo agosto plena temporada de incendios que pueden costar vidas y ser devastadores tras un otoño e invierno muy lluviosos, y en esto tiene que llevar el mando la administración, tanto estatal como las locales, aunque no servirá de nada si no nos comportamos con el mínimo civismo.

Tenemos una gran oportunidad para dar nuestra mejor versión

Hagamos que el 12 de agosto de 2026 sea una aventura y un recuerdo inolvidable

En la orilla


En estos pocos días que restan de 2024 muchos alzamos la mirada para ver cuán grande era el océano que hemos navegado, cuántas galernas nos han hecho frente, y las que estén por venir. Y entre tempesta y tempesta, breves fulgores nos maravillaron aunque sólo fuera por un instante pasajero que ya de por sí justifican la travesía.

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Este año hemos tenido que presenciar cómo las guerras cercanas a nuestro jardín se enquistan, y visten el mundo de un color frío y genocida, o cómo el hambre y las plagas siguen reclamando millones de almas, muchas de ellas inocentes. Aunque el colosal adversario que se erige como el que podrá fin al constructo humano, ese calentamiento global que muchos ignoran o justifican por intereses políticos, ya asoma con consecuencias catastróficas evidenciando que los que hablaban hace más de 4 décadas de estas calamidades estaban en lo cierto.

O no les quisimos creer, o peor, elegimos a gente que no les quiso creer, priorizando la economía capitalista al humanismo ante eventos que son una amenaza para toda la especie humana.

Lejos de tener un cariz pesimista, convendría ser productivos y aportar, aunque sea un mínimo, a la solución, e intentar vivir con realismo y ser consecuentes, e intentar saborear esas pequeñas guindas que la vida nos pone en la travesía para mantener un optimismo que pueda decantar la balanza.

Por mi parte, seguiré alzando la voz en mi entorno y combatiendo ese morbo que hoy día es otra enfermedad, los bulos y la anticiencia. Seguiré guiando a gente por entornos naturales con la esperanza de que entiendan lo valioso que es no perder esa conexión que teníamos hasta no hace mucho con nuestra madre tierra y lo peligroso que será cuando alcancemos el punto de inflexión, de no retorno.


Seguiré retratando esos fenómenos de la naturaleza para que el mundo entienda que tenemos algo por lo que luchar, siendo todos una familia e intentando dejar a la próxima generación un mundo en el que merezca la pena vivir. Hemos cruzado todo un océano de tiempo y miles de penurias, pero aún hay algo más que cenizas.

No vamos a sucumbir en la orilla.

Un año más…

Un año ya desde la última vez que escribí en este blog; parece que ha pasado una década.

Oteando el valle

Y es que en un año pueden pasar tantas cosas que la memoria y la mente no tienen tiempo de asimilarlo todo, más ahora que una pandemia ha reescrito el presente y el futuro del ser humano.

En mi reducido círculo, dos personas de esas que hacen una parte relevante de mi vida se han ido y he de aprender a vivir con su recuerdo y no con su presencia, e intentar dar lo mejor de mí para demostrarles que no estaban equivocados, que todo su apoyo germinó en una voluntad de hacer lo mejor posible las cosas.

Paso de la ISS durante un eclipse de luna

El último trabajo audiovisual no aspira a más que ser una ligera muestra representativa de los últimos 12 meses de salidas nocturnas, incluido un buen trecho confinado en un piso en el centro de una ciudad como Vigo, y recoger algún destello de emoción, como aquella noche que esperábamos impacientes la salida de la luna eclipsada en el lago o aquella en la que conducimos dos horas hasta un parque natural de cielo inmaculado para acabar viendo una danza entre la niebla surgida del embalse y la luna que dotaba a esta de fascinantes halos.

«Omega, A year of Nights»: https://youtu.be/hpC_1M0A1mE

Perseida en Orión

El personaje sorpresa que no aparecía en el guión el verano pasado ha sido el cometa Neowise, que nos obligó a madrugar durante un par de semanas pero que dejará una huella imborrable, ahora que va camino de algúm lugar desconocido, morada de aquellos que ya nos han dejado.

El cometa Neowise sobre las Islas Cies

Nuevo video: Sendas Naturales

Pasear por las sendas naturales de nuestro entorno es una de esas actividades con infinidad de beneficios para quienes lo disfruten, siendo una forma de activar nuestro cuerpo, instruir nuestro intelecto y agitar diferentes sensibilidades de nuestro espíritu. He tenido compañeros de senda que atravesaban los prados palpando a mano abierta la vegetación y tocaban los árboles para sentir esa comunión con el medio, otros que desentrañaban cada sonido como lingüistas de las aves o del simple rumor de las copas durante las brisas otoñales, por no mencionar esos olores, a hinojo, el almizcle de algún zorro, a tormenta pasada…

Recuerdos tan arraigados en los albores de nuestra memoria los que nos criamos lejos de junglas urbanas y ritmos de vida insanos, al abrigo del progreso, ingrato con las tradiciones y experiencias milenarias, alternando días de dar de comer a las ovejas, a sus corderos, gallinas, conejos, con tardes de pandilla subiéndonos a los árboles, cazando lagartijas o grillos o quizá entrando en ruinas abandonadas o en minas de agua y pasadizos con tan solo unas velas o en el mejor de los casos alguna linterna vieja que hubiera en casa. Recuerdos al fin y al cabo, pero una oportunidad de transmitir esas vivencias a nuestra posterior generación en un tiempo, el digital, en el que las sensaciones se transmiten por Wifi, y el concepto pasa más por compartir en las redes el lugar que visitamos y realizar los exigidos selfies en lugar de ver, sentir, experimentar esos lugares, reflexionando sobre la vida y con compañía a la que puedas hablar y escuchar sin necesidad de tener cobertura o batería, conversaciones boca-oreja.

Esa inmensidad de virtudes son las que permite la naturaleza, que en el caso de Galicia es excelsa y diversa, aunque conlleva ciertas responsabilidades ya que en muchas ocasiones esa diversidad está amenazada por la acción humana, la nuestra, bien con desconocer y omitir qué se hace con los residuos una vez los dejamos en los contenedores, o las políticas medioambientales en una época en la que hay más evidencias que nunca del calentamiento global (y de sus cataclísmicas consecuencias) o bien por acciones directas como tirar colillas en cualquier sitio, hacer barbacoas sin intuir el riesgo que representa, o cualquier pequeño gesto que no se hace desde el respeto y la conciencia.

Esto nos lleva a la clave del problema que se cierne, respetar algo implica valorarlo, y desde luego, conocerlo. Por eso es importante que no perdamos esa comunión con el planeta y dediquemos tiempo de nuestras vidas a conocerlo, porque las experiencias vividas pasarán a ser recuerdos imborrables e irrepetibles y nos plantearemos el respeto a la naturaleza como algo que nos toca de lleno, sintiéndonos heridos cuando algún desastre azote esos parajes y en guardia ante futuras amenazas para preservar ese tesoro que nos ha sido dado sin pedir nada a cambio más que disfrutarlo.

Sendas Naturales https://www.youtube.com/watch?v=T2DhzChj0tc&t=7s

Curso de guía astronómico del P.N.M.T.I.A.G.

Como muchos sabréis, el Parque Nacional de las Islas Atlánticas fue reconocido hace unos años con la Certificación Starlight, que lo define como un destino turístico óptimo para la práctica de actividades de contemplación astronómica dada la calidad de su cielo nocturno, por lo que, aun estando a 15 escasos kilómetros de la ciudad de Vigo, en pleno camping o sentados en la terraza de cualquiera de sus locales de ocio, podemos observar la Vía Láctea con un detalle que nos dejará boquiabiertos; si ya nos vamos a la vertiente oeste, cuya ciudad más cercana (Nueva York) está a más de 4000 km, la bóveda celeste nos presentará buena parte de las 6000 estrellas que un ser humano puede apreciar a simple vista.

                Cuando me surgió la posibilidad, fui seleccionado para realizar el curso de guía astronómico para poder ejercer como intérprete de ese cielo que tantas noches he admirado y al que acudo cuando quiero sentirme ínfimo dentro de este mundo que parece tan grande pero que es una mota en la inmensidad del cosmos, calmando mi espíritu y dotándome de una perspectiva que pocas veces puede uno sentir fuera de ese ámbito.

Eclipse de luna

Dentro de mis capacidades, he querido destacar la práctica de la divulgación astronómica porque en mi historia laboral es la que más satisfacciones me ha regalado, a mí, que ya observaba curioso el cielo cuando apenas tenía edad para entender qué eran esas luciérnagas o aquellas grandiosas lluvias de estrellas que me cautivaron en mi más tierna infancia. Con los años, he tenido la suerte de conocer gente fascinante con unas ganas de difundir la belleza de lo que nos rodea, desde las asociaciones astronómicas hasta el programa “Camiño a camiño“, cuyas rutas nocturnas me proporcionaron la oportunidad de explicar a cientos de personas las maravillas celestes y transmitir esa pasión por conocer ese espacio por el que navegamos en esta redonda nave que llamamos tierra.

También tuve la maravillosa responsabilidad de entretener a chic@s jóvenes que asistían a los campamentos de Vigozoo con sesiones astronómicas con las que aprender cosas básicas del cielo nocturno, historias sobre la mitología de las constelaciones y poder observar por un telescopio planetas, la luna o incluso alguna galaxia o nebulosa brillante. Sin duda, resultó impagable presenciar como en muchos de ellos nacía una afición y como algunos exclamaban fascinados al mirar con sus propios ojos las lunas de Júpiter o los anillos de Saturno, como yo hice en aquellas noches de los años 80, y seguro que alguno mantendrá en su etapa adulta como la pasión que ahora habita en mí, como ávido seguidor de fenómenos celestes.

Gracias a todos!


Tras mucho tiempo de aprendizaje, ensayo y error, frustraciones y devanar las neuronas para compensar con inventiva el precario presupuesto que ha lastrado mi evolución artística, puedo dar un paso adelante y tomar lo que empezó como una afición en mi juventud el siglo pasado como una pasión que a día de hoy me define, ya que la creatividad es algo que no deja indiferente al espíritu humano, sirviendo de bálsamo ante esa levedad existencial que nos caracteriza.

«Costa abaixo»


Por ello, es mi obligación recordar a todos los que me han ayudado a remar para llegar a este puerto, desde mi familia, sin cuyo cariño y comprensión habría zozobrado, siendo mi mayor baluarte. A ti, Luci, por iluminar la oscuridad, mitigar la intemperie y ahuyentar la soledad en innumerables jornadas. Gracias a mis compañeros de expedición, amigos, que me habéis dado las herramientas para entender esta realidad, y no permitir que todo lo bello de esta vida pase desapercibido.

Os llevo en mi corazón.